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miércoles, 16 de febrero de 2011

Hoja de coca: mitos, racismo y su aporte medicinal-nutricional

El diario La primera
La Noticia

(1) Opositores a la hoja de coca quieren desconocer las propiedades curativas y medicinales de esta planta milenaria.
 (2) A pesar de la propaganda oficial contra la hoja de coca, esta es usada como té filtrante en todo el país.

La Convención de Viena de 1961

“Los enemigos de la coca propusieron primero su extirpación porque su uso ritual y religioso dificultaba la conversión de los indígenas al Cristianismo. Siglos más tarde, porque contribuía al crimen y a la degeneración racial de los indios. Contemporáneamente, porque le hace daño al campesino indígena”, escribe el Dr. Fernando Cabieses Molina, en su ensayo “La coca, ¿dilema trágico?.

Este argumento profundamente racista de forma abierta o embozada sigue siendo esgrimido por quienes en la actualidad plantean la erradicación total de las hojas de coca a nombre de la “guerra mundial contra las drogas”.
El argumento de los nuevos extirpadores de idolatrías es el siguiente: como la hoja de coca es la materia prima de la cocaína que, junto a la heroína y el hashís, drogas naturales que provienen de la amapola y la marihuana respectivamente es la nueva pandemia que sofoca a las sociedad humana del siglo XXI, la solución final y única es erradicar la planta.

Toda la carga de prejuicios, ignorancia y racismo contra la cultura andina y sus habitantes fue, bajo supuestos científicos, la base de la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961 y aprobada en Nueva York, Estados Unidos, el 30 de marzo de ese año, que condenó a la hoja de coca como estupefaciente y el picchado como toxicomanía.

Existen cuatro listas en la referida Convención de 1961 y cuatro en la de Sustancias Psicotrópicas de 1971. Los estupefacientes son considerados por la ONU y la OMS como de débil dependencia y, por el contrario, los psicotrópicos como fuertemente tóxicos. La hoja de coca, colocada en la Lista 1 de los estupefacientes, está entre las drogas más peligrosas.

Según la misma Convención Única sobre Estupefacientes de 1961, el Perú y Bolivia se comprometieron a erradicar el cultivo y el consumo de la hoja de coca en 25 años. El plazo se cumplió en diciembre de 1989 y como la disposición es irreal y atentatoria contra los usos y costumbres de la cultura y la vida andina, los pobladores andino-amazónicos, sobre todo del medio rural, siguieron sembrando y picchando coca.

Sin embargo, el Decreto Ley 22095 de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas de 1978 se inspira en la doctrina prohibicionista de la Convención Única de 1961 y ésta y las Convenciones posteriores son la base jurídica de la llamada “guerra mundial contra las drogas” que mete en un solo saco el consumo legal y tradicional de la hoja de coca con los cultivos de hoja de coca derivadas al narcotráfico.

DETALLE

Una forma de mejorar la calidad y el precio de la hoja de coca que se traduciría en una mayor demanda del consumo legal y tradicional, expropiando materia al narcotráfico con la ley de la oferta y la demanda, debe ser la formulación de una política de Estado sobre la coca que incluya la creación de Instituto Nacional de la Hoja de Coca. Además, de una campaña nacional e internacional para la despenalización de la hoja que implica sacarla del Apéndice 1 de la Convención de Estupefacientes de la Convención Única de Viena de 1961 y una reingeniería total de ENACO.

La milenaria planta utilizada por los incas, a pesar de sus propiedades curativas fue calificada de droga por la Convención de Viena (1961) y desde entonces empezó una campaña mundial de satanización con el fin de erradicarla, sin embargo en los últimos años a iniciativa del gobierno de Bolivia se busca despenalizar la hoja de coca. A dicha iniciativa se suman cada vez más países.

Coca y racismo en el Perú

La hoja de coca (Erythroxylum coca; Erythroxylum novogranatense) fue la planta sagrada de los Incas y su consumo entre los pueblos andino-amazónicos de hoy en el Perú sigue siendo de vital importancia y significación como factor económico, ritual, medicinal, social y cultural.

Al respecto, el Dr. Fernando Cabieses Molina, destacado médico neurólogo recientemente fallecido, en su libro “La coca ¿dilema trágico?” (Lima, 1992), escribe: “El profundo significado místico, religioso, mitológico y arraigadamente cultural de la coca, no es reemplazable por ningún otro elemento en el mundo andino. La abolición de la coca resultaría así en un cruel acto de etnocidio, de asesinato cultural y de violación flagrante de los derechos humanos”.

A la opinión de Cabieses se suma la del experto y defensor de la coca Baldomero Cáceres, quien, en su texto “Mamacoca”, advierte que el picchado, chacchado o coqueo andino-amazónico ha sido considerado por otros autores mayormente sin base científica como una forma de “intoxicación crónica” y cuyas consecuencias son, según esos autores, débil rendimiento mental y pobreza social y cultural.

Precisamente los trabajos de los psiquiatras Hermilio Valdizán, 1913 y Gutiérrez Noriega 1944-1946, sirvieron como fundamento a la condena y penalización de la hoja de coca en la Convención Única de Viena de 1961 que califica a la hoja de coca de estupefaciente y al picchado o chacchado, de toxicomanía.

La condena de la hoja de coca por la Convención Única de Viena de 1961 no ha hecho sino agregar más elementos prejuiciosos a los enemigos de la coca del pasado y del presente quienes, bajo la capciosa aseveración anticientífica de que el consumo tradicional de la hoja genera efectos negativos a la salud de los consumidores, arrojan una perversa insinuación racista sobre los pueblos andino-amazónicos.

La confusión entre coca y cocaína y la “guerra mundial contra las Drogas” desatada desde los centros de poder político y económico mundiales, especialmente desde Estados Unidos, han radicalizado las posiciones racistas contra los picchadores o chacchadores de la hoja de coca.

Porque tanto la Convención de Viena de 1961 como las estrategias de la política antiDrogas se plantean como objetivo la erradicación de dicha planta, por ser la materia prima del clorhidrato de cocaína, una de las Drogas en uso en las sociedades globales y postmodernas del siglo XXI.

Valores nutricionales

Además de su importancia sociocultural, económica, religiosa, mítica y mitológica, la hoja de coca posee valores medicinales y curativos. Así se le asignan propiedades medicinales para tratar los trastornos digestivos, para eliminar el mal de altura, aliviar la ronquera y el dolor de muelas, combatir los dolores reumáticos, entre otros usos sancionados y legitimados por la práctica cotidiana de la medicina popular.

Pero la coca no sólo tiene los valores que hemos citado. Uno de los estudios más citados con relación a las propiedades nutricionales de la hoja de coca es el realizado por la Universidad de Harvard en 1975 y titulada “Valor nutricional de la hoja de coca”. En ese estudio, se afirma que la masticación diaria de 100 gramos de hoja de coca satisface la ración alimenticia diaria de un hombre o mujer. Cien gramos de hoja de coca, de acuerdo al mismo estudio, contienen casi dos gramos de potasio que son vitales para el equilibrio del corazón.

Los pobres pagan más

El estudio más amplio y riguroso efectuado en años recientes sobre la hoja de coca -ocho mil personas fueron encuestadas- lo realizó el 2004 el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) en ese entonces presidido por Farid Matuk.

Las conclusiones del estudio, por alguna razón fueron muy poco difundidas, tal vez porque en esos días había una campaña oficial que afirmaba que por cada 10 hojas de coca producidas en el país, nueve eran desviadas al narcotráfico. Además, se decía y sigue diciendo que los consumidores de la hoja de coca legal se contaban con los dedos de la mano, y se afirmaba y continúa así que el narcotráfico paga los precios más altos por la hoja de coca y, por lo tanto, ningún cultivo legal puede competir con los precios que paga la economía ilícita.

El estudio en mención demostró que esas y otras afirmaciones eran meras suposiciones y especulaciones sin base investigatoria. Así, la encuesta del INEI establecía que la producción de coca en el año 2004 totalizaba 52,700 toneladas métricas.

De ese total, 43,700 toneladas se canalizaban a la actividad ilícita del narcotráfico, mientras que 9, 000 toneladas métricas se destinaban al consumo legal. Este importante volumen derivado al consumo legal demostraba que no era cierto que de cada diez hojas de coca producidas en el Perú, 9 se desviaban al narcotráfico.

La encuesta indicó que un total de 4 millones de peruanos consumen coca en forma legal y tradicional. Esos 4 millones de peruanos hacen el 15% de la población.

Además, contrariando la creencia, alimentada de racismo y prejuicio, de que sólo los andinos picchan coca, el estudio revela que en efecto el 72% de los consumidores de hoja de coca están en la Sierra, con un 43% en la Sierra Sur, 20% en la Sierra Central y 8% en la Sierra Norte, pero hay un 20% de consumidores en la Costa, en las áreas urbanas y modernas del país y un 8% en la Amazonía.

Ante una pregunta de los encuestadores del INEI de cómo perciben el consumo de coca legal, el 30% de los interrogados afirmó que su percepción es positiva.

En los mismos días en que el INEI realizó su encuesta, se dieron a conocer trabajos de campo sobre los precios de la hoja de coca en el mercado rural y en particular entre los campesinos picchadores. De acuerdo a estas indagaciones de campo, no es el narcotráfico el que paga los precios más altos sobre la hoja de coca, sino los campesinos más pobres andino-amazónicos.

Por ejemplo, los comuneros del valle de Vilcashuamán, en Ayacucho, pagan habitualmente S/. 1 por una bolsita de hoja de coca que pesa 1 onza. Es decir, como la onza tiene 30.5 gramos, el campesino más pobre de las regiones andino-amazónicas estaba pagando en el año 2004 la friolera de S/.35 por el kilo.

Por el contrario, el mercado ilegal o negro, paga un promedio de US$ 2 el kilo de hoja de cambio, es decir, entre 6 a S/.7 de acuerdo a tipo de cambio

En el 2004, cuando INEI hizo el estudio, la Empresa Nacional de la Coca (ENACO) vendía a los comerciantes intermediarios a los precios siguientes: arroba de coca de primera a S/. 140 o sea, S/. 12.72 soles el kilogramo; la arroba de segunda, a S/. 130, es decir, a S/. 11.80 el kilogramo y la arroba de tercera calidad la comercializaba a S/. 120, lo que equivale a S/. 10.90 el kilogramo.

En ese año, ENACO pagaba por la coca de primera a S/. 60.00 la arroba, obteniendo jugosas utilidades a costo de los campesinos pobres andino-amazónicos.

Como si todo esto no fuera suficiente para la pobreza rural, la coca consumida por los campesinos no eran hojas enteras, limpias y bonitas, sino casi siempre hojas sucias y rotas.

Por Róger Rumrrill